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Wednesday, 20 May 2020
Friday, 28 February 2020
Las flores del romero, Luis de Góngora
![]() |
Luis de Góngora y Argote, 1561-1627
|
Las flores del
romero,
Niña Isabel,
Hoy son flores
azules,
Celosa estás, la niña,
Celosa estás de
aquel
Dichoso, pues le
buscas,
Ciego, pues no te
ve,
Ingrato, pues te
enoja,
Y confiado, pues
No se disculpa hoy
De lo que hizo ayer.
Enjuguen esperanzas
Lo que lloras por
él,
Que celos entre
aquéllos
Que se han querido
bien,
Hoy son flores
azules,
Mañana serán miel.
Aurora de ti misma,
Que cuando a
amanecer
A tu placer
empiezas,
Te eclipsan tu
placer,
Serénense tus ojos,
Y más perlas no des,
Porque al Sol le
está mal
Lo que a la Aurora
bien.
Desata como nieblas
Todo lo que no ves,
Que sospechas de
amantes
Y querellas después,
Hoy son flores
azules,
Mañana serán miel.
Friday, 28 September 2018
Selva austral, Gabriela Mistral

Selva austral
Algo se asoma y gestea
y de vago pasa a cierto,
un largo manchón de noche
que nos manda llamamientos
y forra el pie de los Andes
o en hija los va subiendo.
Por más que sea taimada,
la selva se va entreabriendo
y en rasgando su ceguera,
ya por nuestra la daremos.
Caen copihues rosados,
atarantándome al ciervo
y los blancos se descuelgan
en luz y estremecimiento.
Ella, con gestos que vuelan,
se va a sí misma creciendo;
se alza, bracea, se abaja,
echando oblicuo el ojeo;
sobre apretadas aurículas
y otras hurta con recelo,
y así va, la marrullera,
llevándonos magia adentro...
Sobre un testuz y dos frentes,
ahora palpita entero
un trocado cielo verde
de avellanos y canelos,
y la araucaria negra
toda brazo y toda cuello...
Huele el ulmo, huele el pino
y el humus huele tan denso
como fue el segundo día
cuando el soplo y el fermento.
Por la merced de la siesta
todo, exhalándose, es nuestro,
y el huemul corre alocado
o gira y se estrega en cedros,
reconociendo resinas
olvidadas de su cuerpo.
Está en cuclillas el niño,
juntando piñones secos
y espía a la selva que
mira en madre, consintiendo...
Ella, como que no entiende,
pero se llena de gestos,
como que es cerrada noche
pero hierve de siseos.
Cuando es que ya sosegamos
en hojarascas y légamos,
van subiendo, van subiendo,
rozaduras, silabeos,
mascaduras, frotecillos,
temblores calenturientos,
el caer de las piñetas,
la resina, el gajo muerto,
pizcas de nido, una baya,
unas burlitas de estiércol.
Abuela silabeadora,
ya te entiendo, ya te entiendo.
Deshace redes y nudos,
abaja, abuela, el aliento;
pasa y repasa las caras,
cuélate de sueño adentro.
Yo me fui sin entenderte
y tal vez por eso vuelvo;
pero allá olvido a la Tierra.
-Pero di adónde nos llevas
que, a lo mejor, vas "tocada".
Ya me he caído dos veces
y tú, "tú como que nada".
¿Qué es eso que se ve, di?
Es cosa viva y parada.
Y será que tiene frío
que se ve como engrifada.
¿Mama, alguna vez la viste?
Sigues sin saber de nada.
-Tú ya no crees en mí
sólo porque soy fantasma.
-¡Qué grande, y azul y quieto,
parece cosa embrujada!
Haz la señal de la cruz.
Yo nunca vi agua parada.
![]() |
| Lago Llanquihue Karsten-Rau |
-Es tu lago de Llanquihue,
la más dulce de tus aguas.
Parece que está adorando;
sólo cuchichea, no habla.
Tal vez estará orando
y le sobran las palabras.
Pero se tiene un respiro,
una hablilla, una nonada.
No haber miedo de allegarse;
recibirle la mirada.
Nadie te miró tan dulce
y con tan larga mirada.
-Mama, es tan grande y apenas
apenitas da palabras.
-Siempre me sobró el hablar
con este Señor del Alma,
como la muda quedé
para recibirle el agua
y lavar en él mis vistas
como niña avergonzada.
-¿Y cómo lo llaman, di?
A ver si llamado, él habla.
-Oye: se llama Llanquihue,
el indio así lo mentaba.
-¿Y qué dice eso "Llanquihue"?
-¡Ay! para nosotros, nada!
Porque fue la vieja gente
la que, como Dios, mentaba,
y nombrar es un gran arte.
Tú y yo no sabemos nada.
Ellos nombraron palpando
criaturas bien amadas.
Emparentar se sabían
los sonidos con sus almas
y a dioses se parecían
toda cosa bautizando.
Monday, 20 August 2018
Para sanarte vine, me dijo el canelo - Elicura Chihuailaf
| Canelo, Drymis winteri |
Para sanarte vine,
me dijo el canelo
Para sanarte vine, me habló
el Árbol sagrado
Vé y recoge mis hojas, mis
semillas, me está diciendo
De todas partes vinieron
tus buenas Machi
mis buenos Machi
desde las cuatro Tierras,
desde las cuatro aguas
mediaremos, me están diciendo
sus poderes
en tus nervios, en tus huesos
en tus venas
¿O deseas acaso abandonar
a nuestra gente?
Elevaré mis rogativas, le digo
Ay, mis pensamientos se apartaron
de los apacibles ríos
de mi corazón:
Piedra Transparente será este
por mí, dijiste
Oo! Genechen, envíame tu aliento
tu resollar de aire poderoso
Éste va a ser cantor, dijiste
entregándome el caballo Azul
de la palabra
Hasta la Tierra de Arriba llegará
en sus Sueños
confundiendo al mensajero de
sus enemigos
Me oirá cuando hable desde
la savia de las plantas
Mas yo quise olvidar el consejo
de las Ancianas
y de los Ancianos
por eso estoy enfermo ahora
Mis pensamientos se alejaron
de los apacibles Ríos
de tu Corazón
Mírame, estoy soñando que he
subido por tus hojas
la Cascada Azul de la mañana
vino a mojar mis labios
con sus aguas
Subí, subí con ellas, pero
me sujetó el murmullo
de los peces
Caminé luego sobre el aroma
de los bosques
Después bailé. En él estaba
colgado mi poder
Las buenas Visiones y los buenos
Sueños lo rodeaban
Lloré entonces, lloré abrazado
por el espíritu de mi Canelo
Elicura Chihuailaf Nahuelpán
Friday, 21 April 2017
Oda a la flor azul, Pablo Neruda
Oda a la flor azul
Caminando hacia el mar
en la pradera
— es hoy noviembre —
todo ha nacido ya,
todo tiene estatura,
ondulación, fragrancia.
Hierba a hierba
entenderé la tierra,
paso a paso
hasta la línea loca
del océano.
De pronto una ola
de aire agita y ondula
la cebada salvaje:
salta
el vuelo de un pájaro
desde mis pies, el suelo
lleno de hilos de oro,
de pétalos sin nombre,
brilla de pronto como rosa verde,
se enreda con ortigas que revelan
su coral enemigo,
esbeltos tallos, zarzas
estrelladas,
diferencia infinita
de cada vegetal que me saluda
a veces con un rápido
centelleo de espinas
o con la pulsación de su perfume
Andando a las espumas
del Pacífico
con torpe paso por la baja hierba
de la primavera escondida,
parece
que antes de que la tierra se termine
cien metros antes del más grande océano
todo se hizo delirio,
germinación y canto.
Las minúsculas hierbas
se coronaron de oro,
las plantas de la arena
dieron rayos morados
y a cada pequeña hoja de olvido
llegó una dirección de luna o fuego.
Cerca del mar, andando,
en el mes de noviembre,
entre los matorrales que reciben
luz, fuego y sal marinas
hallé una flor azul
nacida en la durísima pradera.
De dónde, de qué fondo
tu rayo azul extraes?
Tu seda temblorosa
debajo de la tierra
se comunica con el mar profundo?
La levanté en mis manos
y la miré como si el mar vivera
en una sola gota,
como si el combate
de la tierra y las aguas
una flor levantara
un pequeño estandarte
de fuego azul, de paz irresistible,
de indómita pureza.
Saturday, 25 February 2017
La Flor del Aire, Gabriela Mistral
La Flor del Aire
Yo la encontré por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.
Y ella me dijo: "Sube al monte.
Yo nunca dejo la pradera,
y me cortas las flores blancas
como nieves, duras y tiernas."
Me subí a la ácida montaña,
busqué las flores donde albean,
entre las rocas existiendo
medio dormidas y despiertas.
Cuando bajé, con carga mía,
la hallé a mitad de la pradera,
y fui cubriéndola frenética,
con un torrente de azucenas.
Y sin mirarse la blancura,
ella me dijo: "Tú acarrea
ahora sólo flores rojas.
Yo no puedo pasar la pradera."
Trepe las penas con el venado,
y busqué flores de demencia,
las que rojean y parecen
que de rojez vivan y mueran.
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