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Sunday, 6 October 2019

Oda a unas flores amarillas, Pablo Neruda


Oda a unas flores amarillas

Contra el azul moviendo sus azules,
el mar, y contra el cielo,
unas flores amarillas.

Octubre llega.


Y aunque sea
tan importante el mar desarrollando
su mito, su mision, su levadura,
estalla
sobre la arena el oro
de una sola
planta amarilla
y se amarran
tus ojos
a la tierra,

huyen del magno mar y sus latidos.

Polvo somos, seremos.
Ni aire, ni fuego, ni agua
sino tierra,
solo tierra
seremos
y talvez
unas flores amarillas.



Saturday, 24 August 2019

Libro de las preguntas, Pablo Neruda


LXXIII

Quién trabaja más en la tierra
El hombre o el sol cereal?
Entre el abeto y la amapola
A quién la tierra quiere más?
Entre las orquídeas y el trigo
Para cuál es la preferencia?
Por qué tanto lujo a una flor
Y un oro sucio para el trigo?
Entra el Otoño legalmente
O es una estación clandestina?


LXXIV

Por qué se queda en los ramajes
Hasta que las hojas se caen?
Y dónde se quedan colgados
Sus pantalones amarillos?
Verdad que parece esperar
El Otoño que pase algo?
Tal vez el temblor de una hoja
O el tránsito del universo?
Hay un imán bajo la tierra,
Imán hermano del Otoño?
Cuándo se dicta bajo tierra
La designación de la rosa?

Pablo Neruda 1974 (póstumo)


Sunday, 4 August 2019

El boldo, Gabriela Mistral

Boldo macho, photo Pato Novoa

El boldo

Pasamos alborotados
de una ola de fragancia.
Demorar, mi niño, el paso,
gozar al aire su gracia.

Tan austeros como viejos
druidas en acción de gracias,
convidando con su gesto
a tomarlos de posadas.

Mienten sus hojas por rudas
que no son cosa cristiana,
pero vuelan por el mundo
sus hojas hospitalarias.

Corta, ponlas en tu pecho,
aunque son duras, son santas
y responden al que pasa
con su dulce bocanada.

-Dijiste que donde son
los árboles cosa santa
allí vamos a dormir
y a recogerles la gracia.

-Sí, sí, chiquito, olvidé.
Yo me llamo "Trascordada".
Aquí se duerme sin pena
doblando la trebolada.

Agradece, cara al cielo,
resplandores y fragancias.
¡Qué mal que duermen los hombres
en su agujero de casas!

Se desperdician las yerbas
y la ancha noche estrellada.
Acuesta al Ciervo con cuido
¡No se vaya de jarana!

Lo rodeas con el brazo
y le resobas la espalda.
-Se llama lomo dijiste.
¿Ves como estás trascordada?

Gabriela Mistral
Poema de Chile


Boldo hembra, photo Pato Novoa



Sunday, 16 June 2019

Rosal, Francisco de Quevedo


Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.

¿De qué sirve presumir,
rosal, de buen parecer,
si aun no acabas de nacer
cuando empiezas a morir?
Hace llorar y reír
vivo y muerto tu arrebol
en un día o en un sol:
desde el Oriente al ocaso
va tu hermosura en un paso,
y en menos tu perfección.

Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.

No es muy grande la ventaja
que tu calidad mejora:
si es tu mantilla la aurora,
es la noche tu mortaja.
No hay florecilla tan baja
que no te alcance de días,
y de tus caballerías,
por descendiente de la alba,
se está rïendo la malva,
cabellera de un terrón.

Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.



Saturday, 12 January 2019

Rosa mudable, Federico García Lorca

© Fundación Federico García Lorca

Rosa mudable

Cuando se abre en la mañana.
roja como sangre está.
El rocío no la toca
porque se teme quemar.

Abierta en el mediodía
es dura como el coral.
El sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.

Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal.

Y cuando toca la noche
blando cuerno de metal
y las estrellas avanzan
mientras los aires se van,
en la raya de lo oscuro,
se comienza a deshojar.

Doña Rosita la soltera 1934

Rosa mutabilis - Image: Crocus

Sunday, 2 December 2018

Helechos, Gabriela Mistral


Helechos

Dónde la humedad se guarda
asistidora y mansueta
y el resuello del calor
no alcanza a la Madre Gea,
suben, suben silenciosos
como unas palabras lentas,
en silencio suben, suben
estos duendes manos quietas.

Y cuando tienen la alzada
de la garza o el flamenco,
ya descansan y se quedan
latiendo de su misterio.
¡No pasar por ellos, digo,
dejarlos, que están durmiendo!
Porque sólo yo, fantasma,
ni los doblo ni los hiero.



Óiganlos dormir, dormir
sin moverles un cabello.
Ellos no viven ni mueren,
sólo escuchan el silencio,
y con el silencio hacen
cosa que no conocemos:
sueño de niños o danzas
de unos enanos traviesos.
Quedan así entredormidos
custodiando su secreto
y tal vez mi propio sueño.

Duerman los helechos altos
callados como un secreto,
sigan latiendo dormidos
así, callando y latiendo.

¡Qué dulce su frente fría
y su aspiración de cielo!
En el aire van y van
y restan, restan, quedados,
y se parecen al monje
que entrega en su rezo el alma.
Duerman los helechos altos
que yo guardaré su sueño.

Friday, 28 September 2018

Selva austral, Gabriela Mistral




Selva austral

Algo se asoma y gestea
y de vago pasa a cierto,
un largo manchón de noche
que nos manda llamamientos
y forra el pie de los Andes
o en hija los va subiendo.

Por más que sea taimada,
la selva se va entreabriendo
y en rasgando su ceguera,
ya por nuestra la daremos.

Caen copihues rosados,
atarantándome al ciervo
y los blancos se descuelgan
en luz y estremecimiento.

Ella, con gestos que vuelan,
se va a sí misma creciendo;
se alza, bracea, se abaja,
echando oblicuo el ojeo;
sobre apretadas aurículas
y otras hurta con recelo,
y así va, la marrullera,
llevándonos magia adentro...

Sobre un testuz y dos frentes,
ahora palpita entero
un trocado cielo verde
de avellanos y canelos,
y la araucaria negra
toda brazo y toda cuello...

Huele el ulmo, huele el pino
y el humus huele tan denso
como fue el segundo día
cuando el soplo y el fermento.
Por la merced de la siesta
todo, exhalándose, es nuestro,
y el huemul corre alocado
o gira y se estrega en cedros,
reconociendo resinas
olvidadas de su cuerpo.


Foto  Mono Andes
Está en cuclillas el niño,
juntando piñones secos
y espía a la selva que
mira en madre, consintiendo...
Ella, como que no entiende,
pero se llena de gestos,
como que es cerrada noche
pero hierve de siseos.

Cuando es que ya sosegamos
en hojarascas y légamos,
van subiendo, van subiendo,
rozaduras, silabeos,
mascaduras, frotecillos,
temblores calenturientos,
el caer de las piñetas,
la resina, el gajo muerto,
pizcas de nido, una baya,
unas burlitas de estiércol.
Abuela silabeadora,
ya te entiendo, ya te entiendo.

Deshace redes y nudos,
abaja, abuela, el aliento;
pasa y repasa las caras,
cuélate de sueño adentro.

Yo me fui sin entenderte
y tal vez por eso vuelvo;
pero allá olvido a la Tierra.

-Pero di adónde nos llevas
que, a lo mejor, vas "tocada".
Ya me he caído dos veces
y tú, "tú como que nada".
¿Qué es eso que se ve, di?
Es cosa viva y parada.
Y será que tiene frío
que se ve como engrifada.
¿Mama, alguna vez la viste?
Sigues sin saber de nada.

-Tú ya no crees en mí
sólo porque soy fantasma.

-¡Qué grande, y azul y quieto,
parece cosa embrujada!
Haz la señal de la cruz.
Yo nunca vi agua parada.

Lago Llanquihue Karsten-Rau
-Es tu lago de Llanquihue,
la más dulce de tus aguas.

Parece que está adorando;
sólo cuchichea, no habla.
Tal vez estará orando
y le sobran las palabras.

Pero se tiene un respiro,
una hablilla, una nonada.
No haber miedo de allegarse;
recibirle la mirada.
Nadie te miró tan dulce
y con tan larga mirada.

-Mama, es tan grande y apenas
apenitas da palabras.

-Siempre me sobró el hablar
con este Señor del Alma,
como la muda quedé
para recibirle el agua
y lavar en él mis vistas
como niña avergonzada.

-¿Y cómo lo llaman, di?
A ver si llamado, él habla.

-Oye: se llama Llanquihue,
el indio así lo mentaba.

-¿Y qué dice eso "Llanquihue"?

-¡Ay! para nosotros, nada!
Porque fue la vieja gente
la que, como Dios, mentaba,
y nombrar es un gran arte.
Tú y yo no sabemos nada.
Ellos nombraron palpando
criaturas bien amadas.
Emparentar se sabían
los sonidos con sus almas
y a dioses se parecían
toda cosa bautizando.